La profesión tiene algo de arte… Construyamos valor a partir de sus premisas.

21.06.2012 20:47

Muchas de las acciones que se llevan adelante para armonizar voluntades atrasan. Se piensan, se diseñan y se muestran en blanco y negro cual viejo televisor, que por falta de tecnología, no decodificaba los colores que siempre existieron en la escena. Esta bipolaridad nos obliga a formar filas detrás de dos únicas opciones. Aquel que no comparta esos extremos queda al margen.

 

Si tomamos como ejemplo al pintor artístico ¿En qué fila se ubicaría? ¿Dejaría de lado todo el arco iris de matices que exaltaría su obra? Por cierto jamás le ordenaría a sus fieles pinceles que censuren su ecléctica paleta, como la plástica nunca recurriría a negativos fotográficos para evaluar los que están fuera de foco.

 

Ética y estética están presentes y modelan la personalidad del artista. ¿Están incorporadas estas cualidades en el seno de la profesión? ¿Se toma el compromiso de generar espacios abiertos y democráticos de discusión en ese sentido? ¿Se opera proactivamente o se espera con los brazos cruzados un cambio de paradigmas? 

 

El arte también es compromiso y espontaneidad… es fresco… maximalista y consumidor de muchos insumos. La obra final que nos  brinda es completa y compleja. Completa porque desde lo inclusivo invita a participar a cada elemento constitutivo de su objeto de curiosidad y desde lo respetuoso, captura todo lo que le sugiere el paisaje. Compleja porque nada queda escindido al sumar diversidad, planos, matices y profundidades.

 

El verdadero arte refleja consenso, no apela a lo banal. Compone sus bocetos con simples recursos y los combina con la razón y la emoción. El resultado: el arte plasma lo que en definitiva nos conmueve.

 

El producto del arte rara vez surge de las antinomias y de los imperativos maniqueístas de sus autores. Cohabitan en él todas las tendencias. No se detiene en los opuestos ni propone la verdad revelada. Es generoso porque no esconde ideas mezquinas. Es participativo porque nada lo hace en soledad. Es una expresión acabada de la libertad... lejos de imponer, necesita de todos los sentidos del espectador y sobre todo, de la pluma crítica que retroalimente el desafío.

 

Entonces nos preguntamos: si la profesión tiene algo de arte ¿por qué no recurrimos a las virtudes que el mismo nos plantea para unirnos, crecer y desarrollarnos?

 

Algunas de las razones que conllevan a inferir esta realidad se mencionan más abajo. Son aquellas que de alguna manera fijan un punto de inflexión a partir del cual la curva se ameseta y nos encuentra en un escenario donde ya nuestra labor no agrega valor, a saber:

 

  1. Cierto autismo que traba la comunicación y obstruye la participación.
  2. Desinterés en conocer en qué anda la profesión.  
  3. Inexistencia de proyectos colaborativos entre colegas y profesionales de otras disciplinas.
  4. La dicotomía moderna: El pensamiento binario aplicado al análisis y a utópicas soluciones de cualquier problema.

 

¿Cuáles son entonces las propuestas para ir apartándonos gradualmente de estas posiciones que anclan cualquier proyecto hasta hacerlo fracasar?

 

La respuesta está adentro nuestro. Necesitamos sólo de un pequeño esfuerzo y una cuota de sociabilización que no estaría mal para empezar.

 

Lo primero > Estar conectados (redes de contención)

 

  • Mediante cualquier herramienta electrónica de contacto que nos brinda la tecnología moderna.
  • Hacer el debido uso de la misma respetando las consignas que fluyen a través de la red y respetando al interlocutor y a su propuesta.
  • Tener la delicadeza de contestar los mensajes personales para conocer el interés del tema planteado. El silencio no habilita a presumir el desacuerdo.
  • Devolverlos dentro de un tiempo lógico de espera. Es molesto escuchar el “grillito” permanente del otro lado.

 

Lo segundo > Proponer proyectos (construcción de sinergias)

 

  • A través de foros de discusión y utilizando los que nos brinda la web u otros espacios comunicativos que podamos generar.
  • Preparar charlas-debates de temas apropiados de la disciplina como ámbito de discusión y de camaradería.
  • Transmitir la problemática de cada colega cualquiera sea el campo laboral donde esté insertado, para brindarle respuestas colectivas en orden de su mejoramiento y superación.
  • Nunca cargar en una sola espalda toda la responsabilidad de llevar adelante la operatividad de un proyecto.

 

Lo tercero > La participación permanente (escucharnos primero, hablar después)

 

  • Ahuyenta los pensamientos autistas. La mínima opinión puede brindar un insumo invalorable al proyecto.
  • Nos reúne para reconocernos como colegas y de este modo podemos cambiar el rumbo de la profesión. Bajar la cabeza demora la jerarquización ansiadamente esperada.
  • Favorece el desafío de la colaboración y por ende se logra lo que en marketing se designa como “ganar-ganar”. Cooperación y no Competencia.

 

Por último > Romper con la dicotomía. No todo es tan bueno ni todo es tan malo. La construcción colectiva de la profesión necesita, como la música, de sonidos y de silencios. La combinación adecuada de ambos hacen una obra que invita a ser escuchada.

 

Colegas...La partitura está ahora en nuestras manos. Apelemos al arte que hay en cada uno de nosotros. Seguramente daremos el mejor concierto.

 

Hasta el próximo editorial

 

Mario D'Angelo

Editor Graduados iCom